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Lunes, 30 de mayo de 2011   |  Número 6
tribuna
ALEJANDRO BERNALTE, DEL SERVICIO DE FARMACIA DEL CONSORCIO HOSPITAL GENERAL UNIVERSITARIO DE VALENCIA
Melanoma, la visión del farmacéutico de hospital

El melanoma es un tumor maligno responsable del 80 por ciento de las muertes atribuidas a los distintos tipos de cánceres de piel, pese a no ser el de mayor incidencia dentro de éstos.

La incidencia de melanoma metastásico se ha incrementado a lo largo de las últimas tres décadas, su tasa de mortalidad ha crecido de forma más rápida que la de la mayoría de tumores, y registra una mediana de supervivencia inferior a un año.

En los pacientes con metástasis a distancia (estadio IV), el tratamiento casi nunca permite la consecución de respuestas completas o curación. Por ello, los objetivos deseables de la terapia persiguen la prolongación de la supervivencia o la disminución de los síntomas, Esta intencionalidad, fundamentalmente paliativa, obliga a sopesar el efecto negativo que la terapia pueda tener sobre la calidad de vida del paciente, pudiendo condicionar la decisión de tratamiento.

Desgraciadamente, el arsenal terapéutico disponible para el tratamiento de la enfermedad metastásica es escaso, con bajas tasas de respuesta, y donde ningún fármaco ha logrado evidenciar un aumento en la supervivencia de los pacientes cuando se han evaluado frente al mejor tratamiento de soporte en ensayos clínicos fase III, aleatorizados y controlados.

De este modo, un citostático clásico como Dacarbazina continua siendo el referente de comparación en los estudios en primera línea de tratamiento, e ilustra el hecho que desde hace más de una década no se hayan registrado nuevos medicamentos para el melanoma, y todavía no se disponga de alguno con indicación autorizada en segunda línea de tratamiento.

Esta circunstancia obliga al oncólogo a valorar la inclusión del paciente en ensayos clínicos o solicitar el uso compasivo de medicamentos, como la mejor opción terapéutica en muchos casos, quedando esta práctica reflejada como el estándar de tratamiento en las guías clínicas.

Los nuevos avances en el conocimiento de la inmunología y la patogénesis del melanoma han permitido identificar nuevas dianas terapéuticas, marcando un punto de inflexión en el desarrollo farmacológico de la inmunoterapia y de terapias dirigidas contra proteínas quinasas oncogénicas implicadas en las vías de señalización de la proliferación de las células tumorales.

El primero de estos nuevos medicamentos inmunomoduladores es Ipilimumab, un anticuerpo monoclonal recombinante humano que bloquea el antígeno 4 asociado al linfocito T-citotóxico (CTLA-4), promoviendo de esta forma la inmunidad antitumoral de las células T.

La eficacia y seguridad de este nuevo fármaco ha sido demostrada en un ensayo clínico fase III, en pacientes con melanoma que habían progresado tras el tratamiento de la enfermedad metastásica, resultando el primer fármaco que evidencia un aumento significativo de la supervivencia global. A finales de marzo de este año recibió el visto bueno por parte de la administración estadounidense competente (FDA). Su homóloga europea (EMA) también ha emitido un dictamen favorable en las últimas fechas, paso previo a su autorización en la Unión Europea, y que previsiblemente permita su comercialización en España a principios del próximo año.

De la otra vertiente de investigación ha surgido Vemurafenib, cuyas solicitudes de evaluación ya han sido presentadas en ambas agencias reguladoras. Es un inhibidor diseñado para identificar y actuar de forma específica en los melanomas con la forma mutada de la proteína BRAF V600, presente aproximadamente en la mitad de los pacientes, mutación genética que deberá ser confirmada necesariamente para ser tributario al tratamiento. Dos ensayos clínicos fases II y III, son la base del desarrollo clínico del fármaco, donde se ha mostrado un incremento en la supervivencia de libre de progresión de los pacientes.

El panorama actual nos hace albergar fundadas esperanzas en esta nueva serie de moléculas y dianas terapéuticas, que mejoran significativamente los resultados clínicos que se alcanzaban hasta el momento, e incluso dejan entrever la posibilidad de que el pronóstico de la enfermedad experimente un cambio radical a corto plazo.

En contrapartida, resulta obvio intuir que los costes de adquisición de dichos tratamientos tendrán un elevado impacto presupuestario en los hospitales. Este aspecto, en el contexto de la situación económica actual, exigirá al farmacéutico de hospital una rigurosa evaluación y selección de los nuevos medicamentos, atendiendo criterios farmacoeconómícos, que serán fundamentales a la hora de conformar la nueva guía farmacoterapéutica del melanoma metastásico.

| La información que figura en esta edición digital está dirigida exclusivamente al profesional destinado a prescribir o dispensar medicamentos por lo que se requiere una formación especializada para su correcta interpretación |

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