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Miércoles, 07 de diciembre de 2011   |  Número 17
congresos y reuniones
IV Jornadas de Modelización y Simulación en Biomedicina
Oncología de USP San Jaime monitoriza a enfermos de cáncer de alto riesgo para administrarles quimioterapia
Resulta posible optimizar el tratamiento en el 50 por ciento de los pacientes atendidos

Redacción. Alicante (Comunidad Valenciana)
Antonio Brugarolas, director de la Plataforma de Oncología de USP San Jaime, ha advertido,  durante la inauguración de las IV Jornadas de Modelización y Simulación en Biomedicina, que la monitorización farmacoterapéutica haría posible tratar con quimioterapia a los pacientes considerados de alto riesgo y diagnosticados de cáncer, y en los que el tratamiento con quimioterapia está contraindicado por el elevado riesgo de toxicidad del tratamiento.

En la imágen, Antonio Brugarolas, director de la Plataforma Oncológica del USP San Jaime; Belen Valenzuela, jefa de la unidad de Farmacoterapia; y el gerente de USP San Jaime, Roberto Ferrandiz.

De manera tradicional, la dosificación de los fármacos de quimioterapia se realiza de acuerdo con los parámetros convencionales de peso o superficie corporal, que no siempre reflejan el metabolismo real de los pacientes y, por tanto, es posible que pacientes tratados con dosis equivalentes desarrollen toxicidad o bien que la dosis resulte insuficiente. La monitorización farmacoterapéutica  consiste en caracterización de la absorción, distribución, metabolismo y excreción de un fármaco en un paciente por medio de la determinación de las concentraciones de ese fármaco en la sangre del paciente, a distintos tiempos y la adecuación, si es necesario, de la dosis administrada para asegurar que el paciente alcanza concentraciones del fármaco en sangre eficaces.

Brugarolas ha explicado que la experiencia de USP San Jaime confirma que la monitorización farmacoterapéutica en pacientes con insuficiencia renal o hepática, obesidad o de edad avanzada, considerados de alto riesgo, a los que se les ha diagnosticado un cáncer, permite tratar a estos pacientes con quimioterapia convencional, ya que se puede ajustar las dosis de fármaco en función de la fisiopatología que presentan, reduciendo el riesgo de toxicidad.  Por ejemplo, pacientes con insuficiencia renal o hepática, el riesgo de toxicidad es muy elevado si la quimioterapia administrada se elimina por el riñón o por el hígado. Así, el fármaco no podría eliminarse correctamente y su concentración en sangre aumentaría pudiendo incluso resultar peligrosa. Los pacientes de alto riesgo representan un 10% de los pacientes con cáncer candidatos a quimioterapia.

Las IV Jornadas de Modelización y Simulación en Biomedicina reúnen desde este miércoles en Alicante a especialistas en farmacología cuantitativa aplicada al desarrollo de nuevos fármacos, la optimización del diseño de ensayos clínicos, así como en la personalización de los tratamientos farmacoterapéuticos. Estas Jornadas constituyen la reunión anual de los profesionales sanitarios de la Farmacometría, ciencia  que relaciona de forma cuantitativa la información sobre los fármacos y la enfermedad, y que permite el desarrollo eficiente de los medicamentos y/o la toma de decisiones regulatorias en materia de medicamentos. Brugarolas ha insistido en la utilidad clínica del trabajo que desarrollan estos especialistas y en los beneficios que puede reportar a los pacientes. Las jornadas están organizadas por la Plataforma de Oncología-Fundación Tedeca en colaboración con otras entidades.

La Plataforma de Oncología de USP San Jaime cuenta con una Unidad de Farmacoterapia Personalizada única por sus características en nuestro país en la que se monitoriza de manera sistemática 16 antineoplásicos convencionales y 6 inhibidores de la tirosinkinasa (TKI).

Belén Valenzuela, responsable de la Unidad, sostuvo que “el futuro de la lucha contra el cáncer pasa por la personalización de su terapia. Para ello es necesario enmarcar la farmacología de la quimioterapia anticancerígena dentro de las características de cada paciente oncológico subsidiario de tratamiento”. “Es decir –continuó– , además de conocer el efecto que la quimioterapia ejerce sobre el tumor y el resto del organismo humano, es necesario también conocer el efecto que el organismo humano ejerce sobre la quimioterapia que se administra. Este conocimiento, por sí mismo, sería suficiente para establecer pautas de dosificación estandarizadas puesto que son de gran utilidad en los pacientes que más se asemejan al perfil típico poblacional”.

“Así, las dosis convencionalmente aceptadas de esquemas de quimioterapia que se administran en la actualidad se basan en parámetros como peso y talla. Sin embargo, el comportamiento del fármaco dentro de cada paciente puede variar desde ser tóxico hasta resultar ineficaz. Ante esta realidad asistencial, ampliamente reconocida en la literatura biomédica, el reto es identificar, tan pronto como sea posible, qué pacientes no van alcanzar la respuesta deseada al tratamiento y qué pacientes van a desarrollar efectos adversos que limiten su tratamiento farmacológico. Este hecho es fundamental para conseguir colmar las expectativas y disminuir el temor al que se enfrentan los pacientes oncológicos en tratamiento con quimioterapia, circunstancias ambas que redundan en una mayor calidad de vida”, concluyó.

El procedimiento para la optimización del tratamiento antitumoral seguido en la Unidad de Farmacoterapia Personalizada es relativamente sencillo. Una vez el paciente recibe la primera dosis de quimioterapia, se le extraen muestras de sangre para determinar la cantidad de fármaco en sangre y la magnitud de la respuesta (terapéutica o tóxica) del paciente. Los fármacos en sangre se determinan mediante sistemas de cromatografía líquida de alta eficacia, con detectores de fluorescencia y/o ultravioleta; ICP óptico o ELISA. Por su parte, magnitud de la respuesta (terapéutica o tóxica) del paciente requiere tanto de medidas objetivas de distintos parámetros en sangre como de valoraciones clínicas realizadas por el personal médico del centro. Estos datos en su conjunto permiten cuantificar las características intrínsecas del paciente en relación a su tratamiento. Así es posible determinar cómo se absorbe y se distribuye el fármaco en un determinado paciente y cómo se elimina de su organismo; cuál es la sensibilidad de ese paciente en relación al desarrollo de efectos adversos y cuál es la actividad intrínseca para ese determinado tumor. Esta información permite definir la dosis óptima que maximiza la probabilidad de alcanzar la respuesta deseada y disminuir el riesgo de desarrollar efectos adversos.

Inhibidores de la tirosinkinasa

La monitorización también se está revelando muy útil a la hora de comprobar el adecuado seguimiento del tratamiento por parte del paciente y evitar la toxicidad en el tratamiento con los TKI, que han constituido un gran avance en el tratamiento contra el cáncer en los últimos años. Los TKI se administran por vía oral y se utilizan en dosis fijas que pueden resultar excesivas para algunos pacientes e insuficientes para otros.

Uno de los principales problemas que conlleva la toxicidad con los TKI es el abandono del tratamiento por parte del paciente por los molestos efectos secundarios del tratamiento. En este sentido, cabe destacar que él cumplimiento terapéutico de los fármacos antineoplásicos de administración oral se ha visto que varía desde un 20 por ciento a un cien por cien.

La monitorización terapéutica permite, en estos casos, identificar la dosis necesaria para cada paciente y por ejemplo en casos de sobredosificación, reducir la dosis sin comprometer  la eficacia del tratamiento en “un tratamiento que es muy costoso y el ajuste de la dosis en aquellos casos en los que hay toxicidad por sobreexposición puede suponer un gran ahorro, sin que se vea comprometida la eficacia del tratamiento”, afirma la Dra. Valenzuela. Además, “al disponer de los datos de concentración de fármaco en la sangre se puede evidenciar la adherencia al tratamiento por parte del paciente y detectar los casos de ineficacia debidos a incumplimiento terapéutico.”
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